El riesgo de la soledad: un viaje a las 15 primaveras de una Boricua en Orlando


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20 Aug
20Aug

Es de valientes dar pasos y seguir los sueños. Es de héroes sobrellevar las dificultades y contratiempos que llegan cuando se tiene el deseo de trabajar por lo de uno y obtener lo que tanto anhelamos. Conoce la historia de Keila, una joven boricua que se armó de valor para ir tras lo que ella quería.

Arranqué de Puerto Rico como a lo loco. Un plan concreto, no tenía. Tenía una Montero Dakar a la cual le rompieron el cristal dos veces en el estacionamiento de mi “posilguita” en Santurce. Sí, le llamé la “posilguita” a mi apartamento, porque era una obra maestra sin ventanas ni aire acondicionado que encontré de milagro cuando me ofrecieron un trabajo en Guaynabo. Mi familia en Isabela, lejos, quería que yo me quedara allá... pero no había trabajo. Yo acababa de llegar del Disney College Program y no sabía qué hacer en Puerto Rico. Estaba perdida. Nadie me contrataba. Tenía un bachillerato y una maestría sin terminar. Amo a mi islita como a nada en este mundo y sentía que quería ser parte de un cambio, de un sueño. 

Una de las veces que me rompieron el cristal de la guagua, me robaron una cámara y aproximadamente $200 en CD's de música. Esperé por la policía dos horas. Al llegar, los agentes se presentaron y miraron la guagua. Me dejaron saber que ese tipo de vehículo no duraría en el barrio en el que estaba. Uno de ellos, al ver la caja de la cámara que me habían robado, me indicó que su sobrino cumplía años y que iría a Barrio Obrero a ver si le podía comprar mi cámara a algún usuario por $20. En ese momento algo dentro de mí se rompió. Sentí desilusión. Hasta el sol de hoy le explico a todo el mundo que mi mudanza fue una decisión muy personal. Nada ni nadie me empujó, nada ni nadie me detuvo. No fue desilusión por Puerto Rico. Fue desilusión por la vida que yo tenía, por lo que me había tocado. Yo sabía que podía lograr más pero no me sentía en las condiciones correctas para lograrlo. Quizás lo hubiese logrado en la isla. Otros lo han logrado en la isla (hoy tengo muchísimos ejemplos de esto), pero yo no. Yo tenía otro destino. 

El ‘issue’ con la cámara fue en marzo. El 18 de agosto de 2005 llegué a Orlando nuevamente, empleada por el ratón. Viví con siete roommates estadounidenses por tres meses. Luego me mudé con otras tres (dos eran pareja - una chica de Kansas y otra de Hawaii -  la otra era también estadounidense pero se creía mejicana y ponía música ranchera a todo volumen a las 2 de la mañana). Con ellas vivía en Windermere, FL,  cuando era todo áreas verdes. No sabía de la existencia de la autopista 408 y viajaba a mi nuevo trabajo en Alafaya Trail (cerca de la UCF) por toda la Colonial Dr. todos los días. Casi 3 horas de camino entre luces y el tapón. Un día llegué y solo encontré mi ropa. La chica que rentaba el apartamento, que era amueblado, decidió vender la cama y el gabetero que yo usaba. Tuve que guiar 30 minutos a WalMart a comprar un mattress de aire. Esa fue mi cama por tres años. Dos semanas más tarde llegué para encontrar una carta de evicción. Ese día llegué tarde. La única opción era molestar a mi prima que tenía 3 niñas que iban a la escuela. Me negaba a molestar tan tarde así que dormí en mi hermoso Neon plateado - con toda mi ropa en la parte de atrás - en el estacionamiento del WalMart de Sand Lake Road y John Young Parkway. Al día siguiente, después de trabajar me fui a casa de mi prima Villy. ¡Ella ha sido un angelito! Sin ella muchas cosas no serían igual en mi historia. Dos de las chicas con las que vivía decidieron rentar un apartamento y me invitaron a compartir la renta. Error. Dañaron mi crédito 3 años más tarde. Por tres meses pagaron solo mi parte de la renta. Evicción nuevamente.

Cuando uno llega solo a un lugar que, aunque no es extraño del todo, te presenta gente diferente y procedimientos diferentes... ¡hay que ser avispa'o! Yo no lo era. Tenía eso de ser "a la buena de Dio'". Quizás eso puso tanta gente buena en mi camino. No sé. Aunque hoy soy mucho más lista, el siempre ser de “buena fe” me ha ayudado a tener a la gente correcta cerca.

Antes de todas las mudanzas, cuando comencé el trabajo en Alafaya Trail, estuve desempleada por 2 semanas. Tuve que dejar el trabajo en Disney para lograr este otro trabajo que me daba la garantía de más horas y era en español. La dieta del ramen noodle (¡o fideo rizo!- como le decía yo) había comenzado. Llevé eso por una semana al trabajo nuevo porque no habían fondos aún. Uno de mis compañeros constantemente hizo referencia a mis ganas de rebajar pq seguía comiendo eso. Después de varios días en las mismas le dije: "¡no seas entrometido, además, si estoy comiendo eso es pq no tengo chavos para comer otra cosa en lo que nos pagan!". Se “pasmó”. Al otro día me trajo un "bowl" de papas majadas y costillas de cerdo asadas con maíz. Me dijo que su pareja Freddie le había dado "manía" pensar que yo estaba comiendo así, y me preparó un plato para mi. Se supone que era comida para 2 días. Al sol de hoy Freddie es uno de mis mejores amigos, otro angelito en mi camino. Conocí a Freddie en persona finalmente para una “celebración” de Acción de Gracias. Al entrar a la casa vi globos y decoración color rosa por todos lados. Era mi cumpleaños. Freddie decidió llamar a su familia y amigos para celebrar mi cumpleaños en su casa como sorpresa. Todos traían regalos. Perfumes, jabones, artículos de primera necesidad y todo lo que un ser humano acabado de llegar y sin mucho dinero realmente necesita. Además de eso, mucho amor y calorcito de su tierra. 

Muchas cosas pasaron a través del tiempo. Fue cuesta arriba. Pero más ángeles iban apareciendo. Gente que, como dice mi amiga Ingrid (¡otra con alitas!), se montaban en mi tren. Algunos para hacer lo que debían hacer en mi vida y bajarse. Otros se han quedado. 

El 1ro de enero de 2007, recuerdo que mi mamá estaba de visita, y decidimos ir al cine a ver “The Pursuit of Happyness”. Lo que aprendí en esa película fue que si no te mueves en alguna dirección, nada pasa. Y yo había decidido que ya había pasado demasiado tiempo de una vida que no amaba. Para ese año conocí a gente clave en mi vida como Ingrid Cruz y Marytza Sanz. Las conocí con 48 horas de diferencia y casi bajo el mismo techo. No puedo solo dar gracias a Dios por ambas y lo que significan en mi vida. Ellas levantaron en mi nuevamente el antojo de servir a la comunidad de alguna manera. Me ayudaron a recordar que debía retomar mis sueños y luchar. El conectar con Latino Leadership, más el decir que sí a la Universidad del Sagrado Corazón para abrir el primer capítulo de un grupo de exalumnos en la Florida, fue lo que trajo a estas dos grandes mujeres a mi vida. Para finales de ese año vivía en un lugar que asustó a Ingrid cuando aceptó pasar el día de nochebuena en mi casa. Yo nunca he sido de lujos, pero cuando me mudé ahí después de la segunda evicción, no sabía mucho del área. Tenía 4 trabajos. Estaba durante el día en mi trabajo oficial 8am-5pm, en las tardes alternaba en dos tiendas del Mall of Millenia y en el fin de semana ya trabajaba como “part-time’ en Disney nuevamente. Esto no me dejaba tiempo para explorar, conocer y encontrar otras oportunidades. Para hacer el cuento largo más corto, para el principio del próximo año, después de que ocurriera un asesinato frente a mi apartamento (yo no estuve presente - ¡gracias a Dios!) Ingrid me ayudó a salir de ese lugar a algo mejor. Y ya la vida comenzaba a cambiar y a sonreír en grande.

Para el 2008, tuve una supervisora que creyó en mí a otro nivel. Yo vivía escondida en un trabajo en el que hablaba español todo el tiempo por el miedo que le tenía al inglés. Esta mujer llamada Jomara Cardona, se tomó el tiempo que nadie había tomado para darme confianza en mí misma para arrancar a ponerme retos con el idioma. Para mediados de año ya trabajaba en el grupo que hablaba inglés. Para finales de año ya me atreví a ir por el proceso de aplicar y entrevistar para una mejor oportunidad de trabajo. En diciembre recibí una oferta de trabajo en una universidad en línea por un sueldo que me permitía dejar los trabajos en la tarde. Las cosas seguían mejorando.

El 2009 me dio mucho. Recuerdo pasar tiempos de risas entre buenísimos y diversos profesionales. Por el lado de la vida “social” abrí una página en Facebook llamada Boricuas en Orlando con el fin de conectar con otros puertorriqueños en el área. Ese año adopté a mi perrito Zion. Ese año - atrevida al fin - decidí comenzar una maestría - en inglés.

Si hasta ahí la historia iba bien - el 2010 me trajo aún una mayor bendición. Al fin un trabajo que me permitía dejar todos los trabajos adicionales y enfocarme en estudiar. A finales del 2010 me gradué de una Maestría en Bellas Artes de Diseño de Medios. Esto hizo que me aumentaran el sueldo en este nuevo trabajo. Amaba mucho este lugar, aunque fue un lugar en el que al principio pasé por situaciones “especiales” por ser puertorriqueña, por ser mujer y por hablar español. En su momento me tocará escribir de eso. Pero, el punto es que me sentía bien a pesar de todo. Ya para finales del 2011 se me da la oportunidad de hacer un proyecto especial de tesis a distancia en Sagrado y hago mi primer viaje a Europa como parte de esto. Para verano del 2012 me estoy graduando finalmente de la Maestría en Comunicaciones con especialidad en Relaciones Públicas que había comenzado en el 2003. 

Para 2013 ya había comenzado a dictar talleres y clases en mi trabajo, ayudando a estudiantes a prepararse para la vida laboral. Creo que tenía ya suficiente experiencia en esto… ¿no creen? ¡Jaja! Para ese año me ofrecen por primera vez dictar clases como profesora de comunicaciones y para el 2014 me ofrecen la oportunidad de dirigir el departamento de clases generales de la institución. Para ese tiempo, también dirigía los medios sociales de un proyecto en particular de los 16 campuses de esa institución a nivel de los Estados Unidos. En inglés. Aunque no lo crean.

Uno de mis más grandes logros siempre será el haber superado el miedo de atreverme a ser yo en otro idioma, romper barreras, conquistar caminos y lograr ayudar a otros a hacer lo mismo. 

No todo es color de rosa. Para finales de 2015 anuncian que la institución para la que trabajaba cerraría sus puertas. Para finales de 2016 ya estaba fuera. El 2017 lo comencé con el nuevo reto de comenzar a trabajar para mi. Después de pasar mes y medio en Europa, nace vamoaviajar.com y con esto, la necesidad de comenzar una vida minimalista. Mis ingresos eran mínimos. Tenía una casa que mantener para mi sola. Para agosto de 2017 recuerdo que tomé la decisión de mudarme a una habitación en una casa compartida y rentar mi casa. Esto se daría en octubre. Entonces pasó María en Puerto Rico y alteró mis planes al no saber nada de mi familia. Ese mes, después del huracán Irma en Florida, por primera vez en mi vida hice la fila para “los cupones” pensando en poder enviar parte a Puerto Rico. Ya después logré creer en lo que me decían y entendí que mi familia no estaba en una situación tan desesperante como otras. Siempre le agradeceré eso a Dios. 

 La vida de flamante “self employed” se ha llenado de etapas que me hacen sentir que he vuelto atrás. Comienza la dependencia en conexiones, se comienza a contar cada centavo, se trabaja el triple. Pero también se disfruta más el proceso, se tiene menos miedo, se vive mejor. Nunca me ha faltado nada. Ni la comida, ni el cariño, ni las ganas de trabajar. 

Aquí llegué sola. No tenía un plan. No tenía nada en realidad. Venía pensando que algo lindo pasaría, positiva, sin olvidar la razón: progresar. Esto es progreso. El mismo progreso que se daba en la vida de nuestros antepasados cuando había hambre y salían a cazar para comer. Un progreso que se da de la necesidad y que solo, en mi caso, yo decido cuando termina.

Soy mujer de fe. Dios tenía un plan. Tiene un plan todavía. Lo que he logrado no lo he logrado sola. Dios ha puesto en mi camino cada pieza de este rompecabezas. Cuando llegué y me quedaba con mi prima ayudaba a mis primitas a estudiar álgebra y redacción. Hoy una es ingeniera eléctrica y la otra doctora en enfermería. Eso me llena de orgullo. Parte de ese plan divino era que yo fuera parte de eso. 

He sido bendecida aun cuando llegué con el riesgo de la soledad. Todos pasamos por eso. No solo la soledad física. Ya no hay el mismo revolú en la calle ni la gente bebiendo en la esquina. Ya no escuchas los grillos o el cantar del Coquí. Ya no puedes llamar a mami cuando estás enferma para que te prepare una sopita de pollo. Ya no conoces a esta que es hija de fulano el primo de mengano... al menos, no al principio. Aquí vas confeccionando tu familia poco a poco. Te moldeas como el acero. Pasas por el fuego. Prueba tras prueba para ver si de verdad quieres progresar. Si quieres comer.

Lo digo y lo repito... estar fuera de la isla no es para todos. Ser un Boricua fuera de la Patria no es fácil. El riesgo de la soledad y sentirlo puede romper al más guapo. Pero cuando logras una vida, cuando tienes éxito a pesar de los cantazos y miras hacia atrás como me toca hacer hoy... No te queda más que dar gracias a Dios por las bendiciones. 

Si por casualidad peleas con ese sentimiento de soledad, créeme, es una etapa. Nada mejor que conectar con otros en las mismas, sonreírle a la vida y contar tus bendiciones aunque sean dos o tres. Pronto se multiplicarán. Disfruta tu momento. Te lo cuenta una Boricua en Orlando. 


Keila Velazquez


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