De Puerto Rico a Japón


tiempo estimado de lectura : 3
06 Aug
06Aug

Cuando la vida te sorprende con grandes cambios solo tienes que cerrar los ojos, confiar y no perder la fe. Hoy te traigo la historia de una mujer valiente y resiliente que pese a la distancia no ha dejado de hacer todo aquello que disfruta. 

Mi nombre es Neidynathalie, y desde el pasado año (2018) soy esposa militar. Ha sido un año lleno de cambios. De jamás haber vivido fuera de Puerto Rico y no haber viajado desde mis 16 años, en un solo año he vivido en dos países. Salí de mi Isla amada, Puerto Rico junto a mi esposo y familia luego del famoso huracán María. Salimos rumbo a Connecticut a casa de unos familiares, y allí vivimos cerca de cuatro a cinco meses. Le asignan base militar aérea a mi esposo en nada más y nada menos que Japón. Un cambio del cielo a la tierra. 

Nuestro primer encontronaso con la realidad que estábamos viviendo fue dejar  a nuestra familia extendida atrás en otro país demasiado lejano. El segundo fue que no sabíamos cuándo volveríamos a verlos. El tercero fue ir a un país donde no se habla ni español ni inglés. Solo sabíamos que íbamos con Dios y con los brazos abiertos a nuevas experiencias. Gracias a nuestro don, llamado resiliencia, hemos podido salir adelante. Vivir en un país donde no se habla ninguno de los idiomas que conoces es un gran reto. Mi primera experiencia en esta hermosa comunidad de japoneses, fue el mismo día que llegue a Japón. Luego de un viaje de 21 hora, desde Puerto Rico a Japón, con una sola escala en Atlanta, GA; llegué al aeropuerto de Narita en Tokio, Japón. Mi viaje lo hice sola con mis dos “toddlers” (se podrán imaginar). Pero al llegar, me percaté de que NADIE hablaba inglés, y como mi pasaporte era con VISA de trabajo (para vivir) tenía que pasar estrictamente por aduanas antes de salir y yo no sabía ni dónde estaba parada. Un oficial vio a esta mujer, que no parecía americana, pero de seguro no era de allí, y la llevó hasta donde debía ir. Gracias a Dios que me llevó hasta allí porque yo no le entendía ni papa de lo que decía. El que me estaba esperando tuvo que llenarme los papeles, porque yo llevaba 24 horas sin dormir, con dos bebés, cansados y hambrientos, más no entendía nada. Fue para mí imposible llenar los papeles. El hombre me quitó los pasaportes y los papeles y me llenó todo. Luego me llevaron a otro lugar y allí debía llenar otros documentos que estaban en japonés. Me puse tan nerviosa, pero llegó este ángel japonés, que hablaba inglés a salvarme de un ataque de histeria y me ayudó a llenar los papeles, a recoger maletas y a llevarme a un lugar seguro donde pudiera recibir a mi esposo. Aprendí allí, en ese momento difícil que los japoneses son muy pacientes con los extranjeros. Y sobre todo son muy serviciales. Excelentes personas. 

Vivir en Japón ha sido una experiencia inolvidable. Aquí hay tanto que ver. Tanta historia qué descubrir y más. Uno de mis lugares favoritos es un mirador cerca del Río Tamá en la Ciudad de Tokio. Allí, un lugar justo en el centro de la industria se respira una paz increíble. No creerías que estás en el centro de la ciudad más poblada de la Isla. Es un país muy seguro. Uno de los más seguros en el mundo. Y así me siento. Hemos hecho caminatas a las 9:00 p.m.  por el bosque y el río de Fussa y no hemos sentido miedo. Hemos disfrutado de la noche como nunca antes. A lo único que hemos temido es a las cucarachas y grillos enormes que vuelan en la noche. 

Una de las cosas que más me gusta de Japón es la libertad que los padres le dan a sus hijos. A penas los regañan porque comprenden que son solo niños. Nadie mira a los demás como si lo estuviera haciendo mal. Al contrario, cada padre con su hijo y los demás continúan su camino. Es una sociedad donde el niño es incluido en todo. En los centro comerciales en casi todas las tiendas hay un espacio donde los niños pueden permanecer mientras mama mira al rededor y compra. Hay muchísimos parques de juegos activos y pasivos para los niños y la familia. En cada festín incluyen los niños. Las bicicletas tienen uno y hasta dos asientos de infante (aun no sé como logran manejar la bicicleta con dos niños a bordo, yo aun no puedo manejarla solo conmigo, !jajajaja!). Y la seguridad. Ver a niños de hasta 4 años caminando solos hacia sus escuelas es muy impresionante para alguien como yo, quien se crió en un entorno sobreprotector. Aquí la seguridad es cinco estrellas y amo sentirme segura y caminar libre hacia o desde mi casa. Me siento bienvenida en este país y es de lo mejor que me ha pasado. 

Neidynathalie Rivera-Baez


Sigue sus historias en:

Facebook En Dios Esperaremos

Instagram @en_dios_esperamos

Su negocio:

N&L Crochet by Neidynathalie

@nyl_crochet_byneidynathalie





Comentarios
* No se publicará la dirección de correo electrónico en el sitio web.